San Luis

Hoy es la festividad de san Luis Gonzaga; onomástica, por tanto, de nuestro querido amigo. ¡Felicidades! Por eso quiero traer aquí el colofón de mi primer libro de investigación: una colección de trabajos editados junto con mi amigo Manuel A. Barea Collado en 1997. Os transcribo el texto:

El Libro
ANTONIO ALCALÁ VENCESLADA
Homenaje en el XL aniversario de su muerte
(1955-1995)

salió de los Talleres del Impresor E. Reca 
de la Villa de Marmolejo 
el día veintiuno de junio de MCMXCVII
festividad de San Luis Gonzaga

Deseó mucho que, acabados sus estudios de Teología,
le pusiesen a leer la ínfima clase de Gramática, así por no
ser en cosa alguna singular, como principalmente 
por hacer algún servicio a Nuestro Señor en la crianza
y enseñanza de la juventud en la virtud, 
y tenía una santa envidia a los maestros de Gramática,
a los cuales solía llamar bienaventurados,
por tener tan santa ocupación

LAVS DEO

La referencia al santo la tomé de una Vida de san Luis Gonzaga que nuestro amigo me dejó: una joyita bibliográfica, como luego ha resultado convertirse esta colección de trabajos, rareza cuyas ilustraciones, como las letras capitales que aquí presento, salieron de la bendita mano de Luis Aldehuela.

San Antonio y Corpus Christi

Hoy en Andújar se celebra el Corpus Christi. Qué tiempos cuando este día, en jueves, relucía más que el Sol (que no es poco, dado el rigor del estío adelantado que sufrimos). La proximidad de esta fecha a la del día de san Antonio me hace recordar la veneración que Luis sentía por el santo paduano, de la que ya hemos dejado constancia en algunas entradas de este blog. Luis lo cuenta así en Los últimos que fuimos a la guerra (2007), conversando con su amigo Fermín:

–Tú crees mucho en los milagros, ¿verdad?
–¿Por qué lo dices? ¿Por haber llegado vivo al final?
–También por eso, pero, principalmente, por decirlo varias veces en tu diario. Como cuando en Ugíjar llegó tu padre con tu hermano y aquel amigo. Dices que fue un milagro de san Antonio.
–Es que era el día de su santo.
–¿Sólo por eso?
–Y por más cosas… A mí se me apareció un día san Antonio, le digo de improviso.
Se queda mirándome con la boca abierta y los ojos desconfiados, quizá pensando que estoy de broma. Al fin, exclama intentando sonreír:
–¡Nooo…! Responde serio y atento.
–Yo era muy pequeño. Me fijaba en todo y hacía muchas preguntas. Unos meses después de morir mi abuelo, me subieron mi abuela y mis tías por otoño a la viña de la sierra, de la que ya te he hablado. Un día, sentados todos en la lonja, al atardecer, dije de pronto, mirando hacia el camino: "Por allí viene papá Pedro con san Antonio. Tiene un vestido muy largo, con unos cordones. Están muy cansados. Ahí… añadí señalando a una piedra muy grande que distaba unos metros. Se hizo un silencio y una de mis tías reaccionó, quizá para disimular el susto, y me dijo: "Pues llévale tu sillita". Me levanté entonces llevándola con las dos manos y no había dado más de unos pocos pasos cuando me detuve diciendo: "Ya se han ido".
Y nada más. Yo no tenía edad para bromas y menos de esa clase. Me lo contaban ellas cuando ya fui mayor, porque yo no me acuerdo absolutamente de nada y todas ellas coincidían conmigo en el diálogo al referírmelo, añadiendo que les puse el vello de punta.
Me decían también que el abuelo era muy devoto del santo y lo habían amortajado con el hábito franciscano. Estas cosas eran corrientes entonces y yo, como es de suponer, no lo vi. A ningún niño de corta edad se le enseña un difunto, y aquel detalle del vestido muy largo y los córdones, las puso a cavilar.

No soy historiador. Tan sólo recuerdo que Luis me hablaba de la cofradía de san Antonio, creo recordar que fundada por él, que procesionaba junto al Santísimo en este día grande. Me parece que dicha cofradía dejó de existir. Al menos, los cetros los tenía Luis en la puerta de acceso a su estudio, con un soporte creado ex profeso para dejarlos allí depositados. Me imagino que allí seguirán, esperando alguna mano que vuelva a portarlos…

Por eso creo que sería muy hermoso que los familiares, o los amigos, o ambos a la vez, retomáramos aquella costumbre inveterada y pudiéramos salir con dichos cetros en la procesión del Corpus Christi. Yo estaría dispuesto, por supuesto con el permiso de los familiares. Hermoso sería que los tres cetros fueran portados por un amigo, un familiar y un niño que haya hecho la comunión ese año y que se llamara Antonio. ¿Lo intentamos para el año que viene?

Un abrazo fuerte, Luis. Celebra este día, tan importante para ti, junto a tu querido san Antonio. Hoy es él quien te agradece aquel gesto que tuviste, al ofrecerle tu sillita. Quiere estar contigo, a tu lado, poniendo tu mano en el hombro, recordando todo lo que sentías cuando reproducías su imagen aquí en la tierra, para perpetuarse en el altar, que también le erigiste, en san Bartolomé. Tú eres hoy un angél más de los que rodean la divinidad.