San Bartolomé


Hoy, festividad de San Bartolomé Apóstol, la parroquia del arrabal, la que nacía y nace en la antigua plaza Vieja y muere en las proximidades del río, echa en falta a uno de sus feligreses más ilustres. Barrio de artistas, como reza una sevillana andujareña: de Diego Lloris a Pepe "El sillero"; barrio de contrastes: de los restos de la antigua opulencia de la corredera a la humildad de las casas de Ronda Mestanza; barrio de mi infancia y mi adolescencia; barrio de la Soledad, de la Veracruz; barrio secular este de San Bartolomé, que hoy, en el día de la fiesta mayor de su templo principal, no albergará entre sus muros ni a Luis Aldehuela ni a Susana Alonso, dos de sus más asiduos visitantes.

En este día tan señalado, hemos querido publicar en el blog el diseño de retablo que hiciera Luis para la capilla mayor de su parroquia, toda vez que desapareciera en la Guerra Civil el antiguo. Por desgracia, no llegó a hacerse realidad, y hoy en día es más difícil aún que podamos, sobre todo porque lo que más urge en el viejo templo medieval es una restauración urgente de sus cubiertas. Pero, ¿será posible que alguna vez, cuando lleguen épocas de mayor bonanza económica, este sueño de Luis se haga patente ante nuestros ojos... o los de nuestros hijos?

En esta noche tan especial...


A punto de celebrarse, un año más, el recordatorio de la aparición de Nuestra Señora de la Cabeza, traemos a este blog un bella pintura de Luis, que fue portada de la revista Mirando al Santuario, en su edición de 1994. Original interpretación de ese momento legendario donde, ausente el pastor de Colomera, el protagonismo lo adquieren los animales de la sierra.

Desde La Jara


Leyendo, Fran, cómo describes tus vivencias alli,  no puedo dejar de publicar, para ti, esta imagen de la chimenea de La Jara, donde todo –parece– sigue igual...

Hemos estado unos dias, el primer verano sin su presencia real pero llenándolo todo. Las noches estrelladas iluminándonos, o al atardecer cuando suavemente deja el sol los últimos rayos en la campiña... ese "no se qué", como decia él tantas veces, sigue vivo alli, ¡es eterno! Y sí, él sigue estando en cada rincón, lo he sentido tan cerca... bajando los escalones del estudio, apareciendo por el pequeño pasillo que da a la terraza de la cocina, tantos ruidos familiares nos llevaban continuamente a su recuerdo.

Me alegra lo que viviste allí, los inviernos son mucho mejores. En aquel rincón se detiene el tiempo y hasta se alargan mucho más las horas oyendo los misterios de nuestra sierra... ¡qué más podria decirte, querido amigo! Vuelve cuando quieras, estás en tu casa...

Un abrazo

La Jara

¿Dónde estaría ahora Luis, en estos días tórridos de verano? Sin duda alguna, en su querida viña, La Jara. En la carretera de la Lancha, después de atravesar un endemoniado carril, como un balcón con vistas a la campiña, tenía nuestro amigo su segunda Tebaida y su segundo refugio para pintar, más acorde con su naturaleza de captar la belleza de un paisaje que conocía como nadie.

Allí, con un vaso de güisqui en la mano, solíamos sentarnos para contemplar las estrellas y ver los pueblos que se divisaban. "Fíjate –me decía– parece como si estuviéramos en un barco y delante se divisara todo un océano". Era cierto: de olivos durante el día; de luces durante la noche. Hablábamos y reíamos mientras se cruzaban sobre nuestras cabezas las lágrimas de san Lorenzo.

Qué momentos más fantásticos los vividos en esa viña, durante el verano, sí, pero especialmente en el invierno. Cómo recuerdo sus huevos fritos con vinagre, ajos y tomate para desayunar. Su copita de vino al mediodía, la siesta de la sobremesa y todo, siempre, acompañado del fuego del hogar, con la chimenea que imitaba unos troncos de árbol y su ciervo majestuoso al frente.

Nos íbamos a dormir muy temprano sólo para ver la espectacular amanecida de cada día. Allí preparé mi tesis doctoral, en aquel tiempo en que Luis y Pilar, ya algo mayores, tuvieron la valentía de irse a vivir a la viña mientras preparaban su nueva casa en Andújar. Yo tenía que madrugar mucho para irme a Jaén o a Málaga, pero recuerdo aquellos madrugones como los más gustosos que he gozado.