Quedan ya en el recuerdo muchos ratos en el estudio, charlando, contando anécdotas, bien solos, o con José Ramón Navarro, otro magnífico pintor de Andújar. A veces, tomábamos un aperitivo, un buen vino con una tapa, lo que en Andújar se llama “ligar”. Una vez nos hizo migas. Siempre sobre el caballete una de sus obras. Una vez tenía un jabalí, solamente manchado, unas manchas que dejaban ver una figuración expresionista inigualable. Le dije: “Luis, déjalo así, no lo toques más”. Él me contestó: “No, sobrino, porque ese no soy yo”. Siempre estuvo en la figuración, no quiso nada de las vanguardias, de la abstracción, a pesar de haber coincidido con José Guerrero en Madrid. Aquel estudio, hoy el estudio, era el universo de Luis Aldehuela. Lienzos, dibujos, carpetas, libros, muchos libros, detalles, recuerdos de mil viajes, fotografías y, sobre la ventana, un limonero. Una mañana soleada nos fuimos al Santuario a ver sus pinturas y al padre Domingo. Sus pinturas eran “La Santa Cena” del presbiterio y “La Asunción de la Virgen” en uno de sus lunetos, otra obra cumbre por su profundidad, sentido y magnitud; una escena trasladada al solar de nuestra sierra.
Se nos fue Luis Aldehuela en este otoño cálido y lluvioso. Ese otoño que él pintó una y mil veces en la paisajística de la sierra; de ocres verdes y amarillos. Una sierra que él muy bien conocía y que ha universalizado en las cerca de quinientas exposiciones que realizó por toda España y, un buen número de ellas, en Madrid, en la capital del reino. Era un gran admirador de Velázquez, y este hecho se nota en su pintura. Aquellas tonalidades grisáceas, luminosas de nubes y tierra de la sierra del Guadarrama las vemos reflejadas en sus cuadros en la sierra de Andújar.
Se nos fue Luis Aldehuela. Su último homenaje, el que le ofreció la Archicofradía de la Oración en el Huerto, por haber sido él el creador de su titular. La parroquia, su parroquia, de San Bartolomé guarda un San Antonio de Padua —“Allí en donde a Dios se alaba, tu imagen, San Antonio, se venera”, decía Lope de Vega—. También dejó en la capilla baptisterio un Bautismo de Jesús sobre el Jordán, y un Cristo Resucitado. En la parroquial de Santa María restauró la imagen de la Virgen de la Cabeza y pintó el mural “Las Campanas del Santuario”. A la cofradía matriz de la Virgen de la Cabeza le dejó otra obra maestra: el tondo del estandarte neobarroco, una iconografía mariana de completa narrativa festiva y romera.
Es difícil sintetizar y expresar todo lo que ha significado en la vida y en el Arte. Luis se ha ido por el imperativo natural de tener 91 años. Esto nos debe de tranquilizar a todos. Su lienzo se ha ido acabando y su pintura agotando. Te recordaremos siempre.
Juan Vicente Córcoles (diario
Jaén, 13 de noviembre de 2011).