Feliz Navidad


Quisiera ser Belén...
O el pesebre, o la paja de tu cuna.

Quisiera ser Portal...
O el cayado del pastorcillo que se acerca
con ojos asombrados y la boca entreabierta.

Quisiera ser...
Quisiera ser la estrella,
o el paisaje, o el sendero que a Ti llega.

Yo quiero estar contigo
en esta Buena Noche que naciste
para salvar con Tu amor la triste Tierra...

Luis Aldehuela

Puede que resulte un poco anacrónico, pero no quería que terminara el año sin incluir en el blog el último de los carteles que pintara Luis Aldehuela para anunciar nuestra fiesta romera. Fue en el año 2000, y de nuevo el artista nos sorprende recogiendo uno de esos momentos especiales que, aunque puedo equivocarme, nadie había aún plasmado en lienzo: la recogida de la imagen de la Virgen de la Cabeza, y la cadena humana que ayuda a los cansados anderos a llegar a la explanada del santuario. Viendo a esos romeros uno recuerda los dibujos que ilustran Los últimos que fuimos a la guerra, con un sintetismo y agilidad que están muy próximos al mundo del cómic.

Mural de la parroquia de Cristo Rey (1961)


En el día de Cristo Rey de 1986 recibí la confirmación en mi parroquia de manos del Vicario Diocesano. Aquí tenéis la fotografía, donde se pueden distinguir también al actual Vicario, don José Antonio Maroto Expósito y al fallecido José Ignacio Leal Carrillo. Los que somos de Andújar podremos reconocer a más gente. Pero hoy no es este mi cometido, sino otro bien distinto.

La parroquia ha celebrado este año su medio siglo de existencia. Luis Aldehuela pintó, hace cincuenta años, el mural que aparece detrás de nosotros y que representa, por un lado, a la familia angélica y, por otro, a la familia de los laicos y religiosos. En el centro, un bajorrelieve de Cristo Rey que salió de las manos de otro artista iliturgitano singular: Antonio González Orea.


Muy buenos recuerdos, pero, sobre todo, fue mi primer acercamiento a la obra de Luis. Cuántas veces he rezado mirando este mural. Cuántas historias he vivido mientras lo contemplaba, desde mi bautizo y mi primera comunión hasta la confirmación. En cuántas ocasiones me habré preguntado en mi niñez y adolescencia quiénes serían los autores de este monumento.

Se nos fue en un otoño que pintó una y mil veces

Quedan ya en el recuerdo muchos ratos en el estudio, charlando, contando anécdotas, bien solos, o con José Ramón Navarro, otro magnífico pintor de Andújar. A veces, tomábamos un aperitivo, un buen vino con una tapa, lo que en Andújar se llama “ligar”. Una vez nos hizo migas. Siempre sobre el caballete una de sus obras. Una vez tenía un jabalí, solamente manchado, unas manchas que dejaban ver una figuración expresionista inigualable. Le dije: “Luis, déjalo así, no lo toques más”. Él me contestó: “No, sobrino, porque ese no soy yo”. Siempre estuvo en la figuración, no quiso nada de las vanguardias, de la abstracción, a pesar de haber coincidido con José Guerrero en Madrid. Aquel estudio, hoy el estudio, era el universo de Luis Aldehuela. Lienzos, dibujos, carpetas, libros, muchos libros, detalles, recuerdos de mil viajes, fotografías y, sobre la ventana, un limonero. Una mañana soleada nos fuimos al Santuario a ver sus pinturas y al padre Domingo. Sus pinturas eran “La Santa Cena” del presbiterio y “La Asunción de la Virgen” en uno de sus lunetos, otra obra cumbre por su profundidad, sentido y magnitud; una escena trasladada al solar de nuestra sierra.

Se nos fue Luis Aldehuela en este otoño cálido y lluvioso. Ese otoño que él pintó una y mil veces en la paisajística de la sierra; de ocres verdes y amarillos. Una sierra que él muy bien conocía y que ha universalizado en las cerca de quinientas exposiciones que realizó por toda España y, un buen número de ellas, en Madrid, en la capital del reino. Era un gran admirador de Velázquez, y este hecho se nota en su pintura. Aquellas tonalidades grisáceas, luminosas de nubes y tierra de la sierra del Guadarrama las vemos reflejadas en sus cuadros en la sierra de Andújar.

Se nos fue Luis Aldehuela. Su último homenaje, el que le ofreció la Archicofradía de la Oración en el Huerto, por haber sido él el creador de su titular. La parroquia, su parroquia, de San Bartolomé guarda un San Antonio de Padua —“Allí en donde a Dios se alaba, tu imagen, San Antonio, se venera”, decía Lope de Vega—. También dejó en la capilla baptisterio un Bautismo de Jesús sobre el Jordán, y un Cristo Resucitado. En la parroquial de Santa María restauró la imagen de la Virgen de la Cabeza y pintó el mural “Las Campanas del Santuario”. A la cofradía matriz de la Virgen de la Cabeza le dejó otra obra maestra: el tondo del estandarte neobarroco, una iconografía mariana de completa narrativa festiva y romera.

Es difícil sintetizar y expresar todo lo que ha significado en la vida y en el Arte. Luis se ha ido por el imperativo natural de tener 91 años. Esto nos debe de tranquilizar a todos. Su lienzo se ha ido acabando y su pintura agotando. Te recordaremos siempre.

Juan Vicente Córcoles (diario Jaén, 13 de noviembre de 2011).

Última Cena


Tengo que ordenar mi archivo con los materiales sobre Luis, por eso no descarto volver a esta entrada algún día y reescribirla, cuando encuentre más información sobre este cuadro: una Última Cena que pintó en 2005 para ser donada al Real Santuario de la Virgen de la Cabeza. Aquí cabe recordar, más que nunca, el carácter de artista vocacional de Luis, como he destacado en entradas anteriores. Se colocó el cuadro en el presbiterio y se celebró una Solemne Misa para celebrar tal acontecimiento. Fue un mediodía de otoño, precioso. No recuerdo ahora la fecha exacta, algún día la encontraré, pero sí la hermosa sensación que me dejó.

Durante su creación pude darme cuenta de la inmensa capacidad de Luis para centrarse en un objetivo y no descansar hasta verlo culminado. Trabajaba incansablemente, llegando incluso a enfermar por el agotamiento. Era increíble su tenacidad. No vivía para otra cosa que no fuera pintar el cuadro, de una envergadura considerable y de proporciones extraordinarias, lo que le hacía estar constantemente subiendo y bajando de la tarima que le servía de ayuda. Ahí está la heroicidad del artista; su obsesión, incomprendida para quienes no sienten la fuerza de la creación; su aferramiento a una idea –o, mejor dicho, a un ideal– que le absorbía por completo…

Hermosa lección la que aprendí de Luis, no sólo catequética. La pintura sigue la tradición en cuanto al tratamiento del tema. Recuerdo que en un primer plano, a la izquierda, iba a colocar un perrito, como habíamos visto en otras representaciones, propias de la Contrarreforma. Incluso llegó a pintarlo, pero al final decidió no ponerlo. Impresiona la perspectiva que impone la solería, dispuesta en forma de tablero de ajedrez. Bajo el dintel puede leerse: "QVO PRO NOBIS TRADETVR", palabras de la institución eucarística: "Hoc est enim corpus meum, quod pro vobis tradetur". En realidad debería ser QVOD, porque Jesús se refiere a su cuerpo (y corpus es neutro).