Desatino en proyecto insospechado,
en el ciprés y el pino aún estaban pendientes
de una gubia que esperaba
ansiosa de un milagro ser tallado.
Diálogo de horas modelado,
surgía donde el alma se encontraba
volúmenes ignotos, y soñaba
en un crear jamás imaginado.
Dicen que, cuando niño, lo vi arcano
en un atardecer por la espesura
y se sentó, cansado, en un ribazo...
Y gracia fue del Santo franciscano
que mis manos plasmaran la hermosura
de tener al Amado en su regazo.
(Luis Aldehuela)
