No va a ser, seguro, la última vez que volvamos a recordar en este blog el cartel de Romería de hace dos años. Deambulando por la ciudad se puede comprobar cómo caló hondo en las gentes de esta tierra, que de forma tácita reconocen a Luis como el gran pintor de su fiesta grande. El enésimo ejemplo de esa vinculación con nuestro inmortal artista es esta especie de recoleto retablito, que podemos encontrar en el bar-churrería de la plaza de abastos de Andújar, uno de los lugares donde se puede saborear de forma genuina lo andujeño. Y me refiero no solo a los productos que se venden en sus puestos, sino también a ese ir y venir de gentes, a ese ajetreo que encuentra descanso en la charla meliflua frente a un cortao o una cervecita bien fresca. En uno de los cogollos de la andujanía más certera e inequívoca, es obvio que encontráramos a la Virgen de la Cabeza y a Luis Aldehuela. Unidos por siempre.
