Allí, en su casa, permanece su talla de la Virgen de la Cabeza, una más de sus ejemplares reproducciones, en madera, al óleo, en barro… qué más da: todas, como digo, ejemplares, pues nos sirven de referente en nuestro transcurrir diario, a ellas se les reza y nos encomendamos a la divinidad que representan.
Fijaos qué hermosura de Madre, su manto encarnado como el madroño, la corona y el rostrillo dorados, como el de su Hijo. El bordado, el rosario… Y, sí, la medalla con la estrella, una que perteneció a la primitiva aureola de la imagen lamentablemente pérdida en la Guerra (In)civil.
Qué romería más fantástica pasará Luis en esta sublime ocasión. Allí seguro que se encontrará con la Morenita. Qué ganas tenía Ella de verlo en persona para decirle, con el gracejo del acento típico de la mujer iliturgitana: "Luisito, qué bien me has pintao, qué arte y que grasia tienes, shiquillo".
¡VIVA LA VIRGEN DE LA CABEZA!

Fran Carriscondo: pregonero de la Romería.
ResponderEliminarManuel apoyo tu deseo, precioso Fran como todo lo que escribes, un abrazo y VIVA LA VIRGEN DE LA CABEZA!!!
ResponderEliminarMe encantan vuestros comentarios!!!!!Manuel me uno a tus deseos...un abrazo
ResponderEliminarFran hay que seguir escribiendo sobre la Obra de mi padre, hay cosas preciosas como sabes.