–Tú crees mucho en los milagros, ¿verdad?
–¿Por qué lo dices? ¿Por haber llegado vivo al final?
–También por eso, pero, principalmente, por decirlo varias veces en tu diario. Como cuando en Ugíjar llegó tu padre con tu hermano y aquel amigo. Dices que fue un milagro de san Antonio.
–Es que era el día de su santo.
–¿Sólo por eso?
–Y por más cosas… A mí se me apareció un día san Antonio, le digo de improviso.
Se queda mirándome con la boca abierta y los ojos desconfiados, quizá pensando que estoy de broma. Al fin, exclama intentando sonreír:
–¡Nooo…! Responde serio y atento.
–Yo era muy pequeño. Me fijaba en todo y hacía muchas preguntas. Unos meses después de morir mi abuelo, me subieron mi abuela y mis tías por otoño a la viña de la sierra, de la que ya te he hablado. Un día, sentados todos en la lonja, al atardecer, dije de pronto, mirando hacia el camino: "Por allí viene papá Pedro con san Antonio. Tiene un vestido muy largo, con unos cordones. Están muy cansados. Ahí… añadí señalando a una piedra muy grande que distaba unos metros. Se hizo un silencio y una de mis tías reaccionó, quizá para disimular el susto, y me dijo: "Pues llévale tu sillita". Me levanté entonces llevándola con las dos manos y no había dado más de unos pocos pasos cuando me detuve diciendo: "Ya se han ido".
Y nada más. Yo no tenía edad para bromas y menos de esa clase. Me lo contaban ellas cuando ya fui mayor, porque yo no me acuerdo absolutamente de nada y todas ellas coincidían conmigo en el diálogo al referírmelo, añadiendo que les puse el vello de punta.
Me decían también que el abuelo era muy devoto del santo y lo habían amortajado con el hábito franciscano. Estas cosas eran corrientes entonces y yo, como es de suponer, no lo vi. A ningún niño de corta edad se le enseña un difunto, y aquel detalle del vestido muy largo y los córdones, las puso a cavilar.
No soy historiador. Tan sólo recuerdo que Luis me hablaba de la cofradía de san Antonio, creo recordar que fundada por él, que procesionaba junto al Santísimo en este día grande. Me parece que dicha cofradía dejó de existir. Al menos, los cetros los tenía Luis en la puerta de acceso a su estudio, con un soporte creado ex profeso para dejarlos allí depositados. Me imagino que allí seguirán, esperando alguna mano que vuelva a portarlos…
Por eso creo que sería muy hermoso que los familiares, o los amigos, o ambos a la vez, retomáramos aquella costumbre inveterada y pudiéramos salir con dichos cetros en la procesión del Corpus Christi. Yo estaría dispuesto, por supuesto con el permiso de los familiares. Hermoso sería que los tres cetros fueran portados por un amigo, un familiar y un niño que haya hecho la comunión ese año y que se llamara Antonio. ¿Lo intentamos para el año que viene?
Un abrazo fuerte, Luis. Celebra este día, tan importante para ti, junto a tu querido san Antonio. Hoy es él quien te agradece aquel gesto que tuviste, al ofrecerle tu sillita. Quiere estar contigo, a tu lado, poniendo tu mano en el hombro, recordando todo lo que sentías cuando reproducías su imagen aquí en la tierra, para perpetuarse en el altar, que también le erigiste, en san Bartolomé. Tú eres hoy un angél más de los que rodean la divinidad.

Me has emocionado...cómo recuerdo esta anécdota que recuerdo desde chica y que lo crei a pies juntillas...las tias subieron al Santuario a decirle una misa a papá Pedro, mi bisabuelo.
ResponderEliminarSiempre fué muy devoto del santo, y tengo un libro que guardaba con mucho cariño "las florecilllas de San Antonio"
Seria precioso que retomara esa procesión, los cetros siguen alli en la entrada de su estudio esperando hasta que El nos infunda algo, estamos dispuestas a lo que surga. un abrazo.