Don Bernardo y don Luis

A principios del mes de enero se nos ha ido Bernardo Estepa Llaurens, maestro, flamencólogo, devoto de La Morenita, amigo de sus amigos... Y las comparaciones con nuestro recordado Luis son evidentes: iliturgitanos de recia estirpe, con apellidos sonoros, no con la altisonancia del blasón y el fácil relumbrón del oro, sino con el trabajo hecho día a día. Ambos pertenecían a una generación que enseguida identificamos con una Andújar a la que solo podemos reconocer en viejas fotos sepias y en las anécdotas con que algún abuelo aún nos puede sorprender. Si Luis le ha dado a su patria chica prestancia en las Bellas Artes, Bernardo, don Bernardo (y es que antes, los docentes tenían tratamiento, aunque eso también se nos ha olvidado), al margen de su breve experiencia en la política local, fue uno de los baluartes a la hora de reivindicar el sentir flamenco de Andújar. Al hilo de lo cual, este que escribe no puede evitar que aflore en su mente el recuerdo de aquella jornada memorable, cuando andábamos algunos "altozaneando" (me explico: queriendo poner picas culturales en una Flandes como esta Andújar nuestra donde tan complicado es hablar de cultura), y nos reunimos una inolvidable mañana en la entonces sede de la peña flamenca "Los Romeros" (calle Tintoreros, por más señas, o Ibáñez Marín, si se prefiere) y degustamos la sabiduría, el buen decir, la picardía incluso de don Bernardo y don Luis, frente a frente, con cadencia propia de la tierra, con retranca de aceituna machacá y vino de Quitasiestas. Se habló de esta Andújar que siempre tiene tiempo para la juerga y el cachondeo (y que está muy bien, dicho sea de paso), pero poco para apreciar lo bueno que atesora entre sus maltrechas piedras eclesiales o palaciegas. Se recordaron viejos proyectos que no llegaron muy lejos y renovadas ilusiones en un mañana esperanzador. Animaba entonces don Bernardo a don Luis para que publicase sus memorias sobre la Guerra Civil que, por fortuna, los demás que estábamos presentes, pudimos leer en su manuscrito original. Y, en definitiva, me emocionó pensar que estaba departiendo con seres irrepetibles, que formaban parte de la esencia andujeña.
Ubi sunt? Su legado, es obvio, en todos aquellos que nos emocionamos al oír hablar de nuestra tierra, de su tierra, a la que ellos, cada uno en su campo, magnificó.

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