
Al año siguiente, de nuevo fueron los pinceles de Aldehuela los que pregonaron gráficamente la fiesta. Y de nuevo aparece el santuario en lontananza, como la meta de esos entusiastas romeros que, al avistar el cerro parecen pronunciar un "¡Viva la Virgen de la Cabeza!" que nos atreveríamos a colocar en un bocadillo imaginario, si de una viñeta de cómic se tratara. Pero no, se trata de un cartel bien resuelto, atento el artista a condensar en sencillas pinceladas el mensaje que ha de ser, como todo buen cartel que se precie, claro y directo. Como curiosidad, se puede observar que aún no está perfilada la firma que va a sernos tan familiar posteriormente.
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