Jaime de Foxá a Luis Aldehuela (1963)


Luis Aldehuela ha ido como montero de color y la paleta, sorprendiendo por las veredillas casi inaccesibles de sus sierras –de nuestras sierras– de Andújar, ese quehacer escondido de las reses que no conoce siquiera el formal cazador, más habituado a verlas en trances de fuga desarbolada o de la desolada agonía.

De ahí el valor perfumado y recio de su obra, de ahí esa calidad verdinegra o pardoscura de sus tonos. Precisamente, de ese venero de inocentes curiosidades o de fugitivas impertinencias que guiaron su mirada de artista hacia el escondido misterio de los encames y sorprendieron en horas de paz a los grandes venados envaneciéndose con su propia belleza en el perfil de los collados a contraluz, o al jabalí de las bajas tendencias hozando hongos de otoño por la jugosa humedad de los barrancos.

Aldehuela es el hombre de Sierra Morena que dispara con el pincel y con la gracia de las reses de sus montes. En sus cuadros hay un instante plano desvaído que huele a jara y a leña mojada. A esa aromada teología de olores y de brisas que sirve de fondo y encuadra en la silueta gentil de los grandes animales que todavia son –¡y quiera Dios que por muchos años..!– enigma e inquietud de los valles humildes y de los cerros heroicos de Andújar.

Luis Aldehuela caza pintando. Con la misma mágica malicia que captaron nuestros olvidados antecesores la movilidad de las bestias de caza en los ocres y rojos de la prehistoria. Con casi inconfesado fin de perpetuar la imagen desenvuelta de los venados en fuga o pedir al alto Dios de la fecundidad abundancia de piezas en los rastreos del futuro...

Con pincel fino y antiguo, de hombre que ama a la Tierra, a sus frutos vivos, llámense bolillas de madroño, gabatos pintados o granillas amorosas de lentisco.

Luis pinta con hojarasca fresca y tierras recien llovidas, con roca liquida y pieles bañadas en arroyos crecidos. Pinta con esos pocos elementos –aire, fuego, tierra y agua– que Dios necesitó para crear el mundo...

Extracto de la semblanza que Jaime de Foxá hizo en el catálogo de una exposición del artista en el año 1963

2 comentarios:

  1. Qué hermosa fotografía, Pili.

    Y qué hermosa música.

    Hoy me has levantado una sonrisa.

    Gracias

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  2. Me alegra...ya sabes ¡qué te voy a decir a ti! un abrazo

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