
Luis Aldehuela ha ido como montero de color y la paleta, sorprendiendo por las veredillas casi inaccesibles de sus sierras –de nuestras sierras– de Andújar, ese quehacer escondido de las reses que no conoce siquiera el formal cazador, más habituado a verlas en trances de fuga desarbolada o de la desolada agonía.
De ahí el valor perfumado y recio de su obra, de ahí esa calidad verdinegra o pardoscura de sus tonos. Precisamente, de ese venero de inocentes curiosidades o de fugitivas impertinencias que guiaron su mirada de artista hacia el escondido misterio de los encames y sorprendieron en horas de paz a los grandes venados envaneciéndose con su propia belleza en el perfil de los collados a contraluz, o al jabalí de las bajas tendencias hozando hongos de otoño por la jugosa humedad de los barrancos.
Aldehuela es el hombre de Sierra Morena que dispara con el pincel y con la gracia de las reses de sus montes. En sus cuadros hay un instante plano desvaído que huele a jara y a leña mojada. A esa aromada teología de olores y de brisas que sirve de fondo y encuadra en la silueta gentil de los grandes animales que todavia son –¡y quiera Dios que por muchos años..!– enigma e inquietud de los valles humildes y de los cerros heroicos de Andújar.
Luis Aldehuela caza pintando. Con la misma mágica malicia que captaron nuestros olvidados antecesores la movilidad de las bestias de caza en los ocres y rojos de la prehistoria. Con casi inconfesado fin de perpetuar la imagen desenvuelta de los venados en fuga o pedir al alto Dios de la fecundidad abundancia de piezas en los rastreos del futuro...
Con pincel fino y antiguo, de hombre que ama a la Tierra, a sus frutos vivos, llámense bolillas de madroño, gabatos pintados o granillas amorosas de lentisco.
Luis pinta con hojarasca fresca y tierras recien llovidas, con roca liquida y pieles bañadas en arroyos crecidos. Pinta con esos pocos elementos –aire, fuego, tierra y agua– que Dios necesitó para crear el mundo...
Extracto de la semblanza que Jaime de Foxá hizo en el catálogo de una exposición del artista en el año 1963
Qué hermosa fotografía, Pili.
ResponderEliminarY qué hermosa música.
Hoy me has levantado una sonrisa.
Gracias
Me alegra...ya sabes ¡qué te voy a decir a ti! un abrazo
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