Última Cena


Tengo que ordenar mi archivo con los materiales sobre Luis, por eso no descarto volver a esta entrada algún día y reescribirla, cuando encuentre más información sobre este cuadro: una Última Cena que pintó en 2005 para ser donada al Real Santuario de la Virgen de la Cabeza. Aquí cabe recordar, más que nunca, el carácter de artista vocacional de Luis, como he destacado en entradas anteriores. Se colocó el cuadro en el presbiterio y se celebró una Solemne Misa para celebrar tal acontecimiento. Fue un mediodía de otoño, precioso. No recuerdo ahora la fecha exacta, algún día la encontraré, pero sí la hermosa sensación que me dejó.

Durante su creación pude darme cuenta de la inmensa capacidad de Luis para centrarse en un objetivo y no descansar hasta verlo culminado. Trabajaba incansablemente, llegando incluso a enfermar por el agotamiento. Era increíble su tenacidad. No vivía para otra cosa que no fuera pintar el cuadro, de una envergadura considerable y de proporciones extraordinarias, lo que le hacía estar constantemente subiendo y bajando de la tarima que le servía de ayuda. Ahí está la heroicidad del artista; su obsesión, incomprendida para quienes no sienten la fuerza de la creación; su aferramiento a una idea –o, mejor dicho, a un ideal– que le absorbía por completo…

Hermosa lección la que aprendí de Luis, no sólo catequética. La pintura sigue la tradición en cuanto al tratamiento del tema. Recuerdo que en un primer plano, a la izquierda, iba a colocar un perrito, como habíamos visto en otras representaciones, propias de la Contrarreforma. Incluso llegó a pintarlo, pero al final decidió no ponerlo. Impresiona la perspectiva que impone la solería, dispuesta en forma de tablero de ajedrez. Bajo el dintel puede leerse: "QVO PRO NOBIS TRADETVR", palabras de la institución eucarística: "Hoc est enim corpus meum, quod pro vobis tradetur". En realidad debería ser QVOD, porque Jesús se refiere a su cuerpo (y corpus es neutro).

1 comentario:

  1. Recuerdo que lo pintó con un ímpetu y una fuerza fuera de lo normal a su edad (85 años) y se subia en una escalera para pintar la parte de arriba, igual que lo que pintó para Santa Maria y el luneto para el Santuario de la Virgen de la Cabeza. Y hasta que no lo veia colgado no descansaba.

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