Arte religioso

Noviembre quiere merecerse su nombradía y por eso acaban de dejarnos artistas de una altura fuera de serie. Luis Aldehuela es uno de ellos. Si lo traigo aquí no es sólo por el dolor que me produce su pérdida, también por su importancia como uno de los pocos y grandes artistas religiosos del presente. Cuando digo religioso no me refiero a que trabajara por encargo para la Iglesia. Utilizo el adjetivo en su sentido profundo, no industrial, como estímulo que conmocionaba su alma y lo impelía a ejecutar su obra, puesta al servicio de un ideal, revestida de belleza. Así les deja todo bien claro desde el principio al feligrés, al devoto o al peregrino, sin necesidad de las interpretaciones abiertas a que nos tiene acostumbrados el arte abstracto y conceptual.

Luis solía decirme: «Ya no existe el arte religioso». Llevaba razón. Lo comprobamos en la música. Muchos parroquianos identifican, no sin cierto peligro, devoción con devocionismo hacia la imaginería, cuando realmente esta debería crearse para lo primero, no para lo segundo. Tampoco me olvido de la escasa representación española en la exposición Lo splendore della verità, la bellezza della carità, celebrada en homenaje a los sesenta años de la ordenación sacerdotal de Benedicto XVI. Los tiempos han cambiado y ahora resulta inconcebible pensar en una Iglesia mecenas, papel que desempeñó en otras épocas gloriosas para el arte. Por eso este debería ser el momento de los artistas vocacionales, como Luis Aldehuela, para que demuestren que el genio jamás sucumbe.

Publicado por Francisco M. Carriscondo Esquivel en Vida Nueva 2778 (noviembre de 2011).

2 comentarios:

  1. Un saludo a todos los que aprendisteis lo que es la luz a través de la obra de Luis Aldehuela. De acuerdo con esta vocación de servicio a una verdad de Luis en su forma de expresar sus seguridades a través de la creación plástica de sus obras destinadas a cumplir con los dictámenes de Trento: ejemplarizar, desde la sencillez de las formas, y unas formas asequibles a todo tipo de observadores, el concepto moral presente en la Palabra.
    Luis era un intérprete de profundos conocimientos en la materia más precisa a la que podemos acudir en todo momento: la observación del natural.
    Sus modelos siguen estando entre nosotros, por eso su obra siempre seguirá siendo muy próxima a quienes la observan y rezan a través de ella.

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  2. Esa es la cuestión esencial, Manuel. La inmortalidad se consigue aquí en la tierra con la obra que dejamos. Por eso es importante tener conciencia de lo que queremos dejarles a los que nos sucedan. Ya lo dijo Máximo en Gladiator: “Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad”.

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