Amable apunte en irisados tules,
leve matiz y sacra retentiva,
conformando ―hermosa― sensitiva
luz de grises, de verdes y de azules.
Atrapada la creación en hules,
barnízase su luz tan fugitiva
que para siempre dormirá ―cautiva―
apresada en polícromos baúles.
Contemplo inmóvil, al pintor y su obra:
breve resumen del alma serena
y hoja de otoño sobre fresca hïerba.
Y nada quiero ya, pues todo sobra:
esa espera infinita, esa condena
se hizo esclava del bien, del arte sierva.
Hay una desnudez que nunca podremos desterrar. Pero, en estos días de su ausencia, mantengo una constante llamada de atención hacia lo que fue la vida de Luis y me acompaña una idea de manera insistente: su vida era una sencilla mirada de niño, como tan bien habéis comentado vosotros en reiteradas ocasiones. Y esa pureza es la que debe haber sumido lo que es, lo que sigue siendo, en un raudal de realidades inmortales. La simiente de un artista sigue creciendo, fuera del tiempo de su creador. Su mano sigue guiando a quienes se acercan a su discurso hecha física sustancia de óleo y lienzo.
ResponderEliminarLuis sigue vivo en sus hijas, en sus nietos, en cada uno de nosotros. Luis ha vencido al olvido. Luis ya es eterno.
Gracias Manuel, gracias Fran, es precioso leer estas cosas de mi padre, si´, siempre tuvo la mirada de un niño, y aún en sus años seguia asombrandose con las cosas, dejandose sorprender...un abrazo
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